Cómo mover a una persona de la cama a la silla de ruedas sin hacerle daño

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Pasar de la cama a la silla de ruedas puede convertirse en uno de los momentos más complicados del día cuando una persona empieza a perder movilidad.

Al principio quizá todavía se incorpora con ayuda. Después necesita que alguien la sujete para ponerse de pie. Y llega un momento en que el familiar o cuidador prácticamente tiene que levantarla.

Es entonces cuando aparece una duda muy habitual: ¿cómo puedo pasarle de la cama a la silla sin hacerle daño y sin hacerme daño yo?

La respuesta depende, sobre todo, de una cosa: cuánto puede participar la persona en la transferencia.

Si puede sentarse, apoyar los pies y sostener parte de su peso, existen formas de facilitar el movimiento aprovechando la movilidad que conserva. Si ya no puede mantenerse de pie o el cuidador tiene que soportar buena parte de su peso, la situación cambia: normalmente hay que valorar una ayuda técnica para realizar la transferencia con seguridad.

Antes de mover a una persona, hay que saber qué puede hacer por sí misma

Dos personas que utilizan silla de ruedas pueden necesitar transferencias completamente diferentes.

Una puede ser capaz de incorporarse desde la cama, ponerse de pie unos segundos y girar con ayuda. Otra puede tener movilidad en las piernas, pero poco equilibrio. Y otra puede no controlar suficientemente el tronco ni soportar su propio peso.

Por eso no existe una técnica de cama a silla que sirva para todo el mundo.

Antes de establecer cómo realizar las transferencias diarias conviene valorar cuestiones tan básicas como si la persona puede mantenerse sentada sin ayuda, apoyar los pies, incorporarse, sostener su peso y comprender y participar en el movimiento.

Cuando la pérdida de movilidad es reciente o ha empeorado de forma significativa, además, es recomendable consultar con un profesional sanitario para conocer su causa y valorar las capacidades que conserva.

Si puede ponerse de pie, conviene aprovechar esa capacidad

Que una persona necesite ayuda no significa que tengamos que hacer todo el movimiento por ella.

Cuando todavía puede ponerse de pie y soportar parte de su peso, la transferencia puede plantearse aprovechando esa movilidad. Dependiendo de sus capacidades, puede realizarse con asistencia o utilizando ayudas de incorporación y transferencia.

Aquí hay una diferencia importante entre ayudar a levantarse y levantar a una persona.

En el primer caso, acompañamos un movimiento que la propia persona todavía puede realizar parcialmente. En el segundo, estamos soportando físicamente una parte importante de su peso.

Y cuando llegamos a ese segundo escenario es cuando debemos tener especial cuidado.

Preparar bien la cama y la silla facilita mucho la transferencia

Antes de empezar, el entorno debe estar preparado.

La silla de ruedas tiene que quedar estable, con los frenos activados y colocada de forma que el recorrido sea lo más corto y sencillo posible. Si el modelo permite retirar o abatir reposapiés o reposabrazos y hacerlo facilita la transferencia, conviene preparar esos elementos antes de mover a la persona.

También hay que eliminar obstáculos del suelo y disponer de espacio suficiente para que tanto el usuario como quien le ayuda puedan moverse.

La altura de la cama es otro detalle importante.

Una cama demasiado baja puede hacer mucho más difícil la incorporación y obligar al cuidador a trabajar constantemente inclinado. Por eso las camas articuladas y, especialmente, aquellas que permiten regular su altura pueden facilitar considerablemente el cuidado diario.

De tumbado a sentado: no hay que tener prisa

Antes de pasar a la silla, normalmente será necesario llevar a la persona hasta una posición sentada estable en el borde de la cama, siempre que sus capacidades permitan este tipo de transferencia.

Es importante darle tiempo.

Una persona mayor o con movilidad reducida puede experimentar mareo al pasar de estar tumbada a sentada. Continuar inmediatamente con la transferencia puede aumentar el riesgo de pérdida de equilibrio.

Una vez sentada y estable, podemos valorar el siguiente movimiento.

Y es precisamente aquí donde tenemos que preguntarnos: ¿puede ponerse de pie de forma segura o tendremos que levantarla nosotros?

¿Qué pasa si no puede levantarse de la cama?

Este es el punto en el que muchas familias empiezan a tener problemas.

Cuando la persona ya no puede incorporarse por sí misma, es habitual intentar compensarlo tirando de sus brazos, sujetándola por debajo de las axilas o cargando progresivamente con más peso.

Puede funcionar durante un tiempo.

Pero que consigamos hacer una transferencia no significa que la estemos haciendo de la mejor manera.

Si cada vez tenemos que hacer más fuerza, si la persona pierde el equilibrio durante el movimiento o si necesitamos que dos familiares la levanten, merece la pena revisar el sistema de transferencia.

Las ayudas mecánicas existen precisamente para evitar que el cuidador tenga que convertirse en la grúa.

Cuándo utilizar una grúa para pasar de la cama a la silla

Cuando una persona no puede soportar suficientemente su peso o necesita asistencia completa para realizar la transferencia, una grúa permite elevarla y desplazarla de forma controlada entre la cama y la silla.

Puede utilizarse una grúa móvil, que se desplaza sobre ruedas, o una grúa de techo, cuyo motor se mueve mediante un sistema de raíles instalado sobre la zona de transferencia.

Las dos permiten resolver una misma necesidad, pero la experiencia de uso es diferente.

Una grúa móvil necesita espacio alrededor de la cama y de la silla para colocar correctamente su base y maniobrar con ella.

La grúa de techo deja libre el suelo y puede permanecer preparada sobre el recorrido habitual. Esto resulta especialmente interesante cuando hay que realizar varias transferencias todos los días o cuando queremos conectar diferentes puntos de la vivienda.

Por ejemplo, una instalación puede plantearse para realizar la transferencia entre cama y silla, pero también para continuar hacia el baño si las características de la vivienda lo permiten.

En esos casos ya no estamos resolviendo únicamente cómo levantarse por la mañana. Estamos creando un sistema de movilidad dentro de casa.

¿Hace falta utilizar siempre un arnés?

No necesariamente de la misma manera.

En muchas grúas la persona se eleva mediante un arnés de transferencia. El arnés rodea y sostiene el cuerpo durante el movimiento y existen diferentes diseños según el nivel de soporte que necesite el usuario.

Elegirlo correctamente es importante.

Una persona con buen control de tronco puede necesitar un soporte diferente de otra que necesita mayor estabilización. También existen arneses pensados para facilitar determinadas tareas de higiene o transferencias concretas.

Pero el arnés convencional no es la única posibilidad.

SureHands: una alternativa para hacer algunas transferencias más ágiles

Los sistemas SureHands plantean la transferencia de una manera diferente.

En lugar de colocar un arnés convencional alrededor de la persona en cada movimiento, utilizan un soporte corporal específico que permite elevar al usuario y realizar determinadas transferencias de una forma muy directa.

Esto puede resultar especialmente interesante cuando las transferencias son frecuentes.

Pensemos en una rutina normal: levantarse de la cama, pasar a la silla, utilizar el baño y regresar posteriormente a la cama. Cuando estos movimientos se repiten varias veces al día, simplificar el proceso puede cambiar considerablemente la experiencia tanto del usuario como de la persona que le ayuda.

Además, dependiendo de las capacidades que conserve la persona, un sistema SureHands puede favorecer su participación durante la transferencia y proporcionar una sensación de movimiento diferente a la de un arnés tradicional.

No se trata de decidir si SureHands es mejor que un arnés de forma general. Son formas distintas de resolver una transferencia y la elección depende del control corporal, la movilidad y las necesidades concretas del usuario.

Por eso merece la pena conocer ambas posibilidades antes de decidir qué sistema instalar.

¿Y si puede ponerse de pie pero no caminar hasta la silla?

También existe una situación intermedia bastante habitual.

La persona conserva fuerza suficiente para incorporarse y mantenerse parcialmente de pie, pero no puede caminar o pivotar con seguridad hasta la silla.

En estos casos pueden valorarse sistemas de incorporación o transferencia activa que aprovechan esa capacidad.

Esto es importante porque una buena ayuda técnica no debería eliminar innecesariamente la movilidad que una persona todavía conserva.

El objetivo es justamente el contrario: facilitar el movimiento aprovechando al máximo sus capacidades.

¿Es mejor una grúa móvil o una grúa de techo para pasar de cama a silla?

Depende de la frecuencia de las transferencias, del espacio disponible y de las necesidades de la persona.

Una grúa móvil puede ser una solución adecuada cuando buscamos flexibilidad, necesitamos utilizarla en diferentes espacios o no queremos realizar una instalación fija.

Una grúa de techo empieza a resultar especialmente interesante cuando la transferencia forma parte de la rutina diaria.

No ocupa espacio en el suelo, no hay que acercar una estructura con ruedas cada vez que queremos utilizarla y el recorrido puede diseñarse precisamente entre los puntos donde se realizan las transferencias.

Para una persona que necesita pasar de la cama a la silla cada mañana y regresar posteriormente, esa diferencia puede ser considerable.

Si estás valorando ambas posibilidades, aquí tiene sentido enlazar con nuestro artículo “Grúa de techo vs grúa móvil: diferencias, ventajas y cuál elegir”.

El error más frecuente: esperar hasta que alguien se haga daño

Muchas familias se acostumbran progresivamente a hacer más esfuerzo.

Primero ayudan a incorporarse. Después levantan un poco. Al cabo de unos meses prácticamente soportan todo el peso.

Como el cambio ha sido gradual, acaba pareciendo normal.

Hasta que el cuidador empieza a tener dolor de espalda o la persona sufre un susto durante una transferencia.

No hace falta llegar a ese punto para buscar una solución.

Si mover a una persona de la cama a la silla requiere cada vez más esfuerzo, provoca inseguridad o depende de que haya dos personas disponibles, es un buen momento para valorar cómo se están realizando las transferencias.

¿Qué ayuda necesito para pasar de la cama a la silla?

Podemos resumirlo de una forma bastante sencilla.

Si la persona conserva movilidad y puede participar activamente, conviene aprovechar esa capacidad y estudiar qué apoyo necesita para hacerlo con seguridad.

Si puede incorporarse pero necesita asistencia para completar el movimiento, existen ayudas específicas de transferencia.

Y si ya no puede soportar su propio peso de manera segura, una grúa con el sistema de soporte adecuado puede eliminar buena parte del esfuerzo físico de la transferencia.

Lo importante es no elegir únicamente mirando un catálogo.

Hay que valorar a la persona, la cama, la silla, el espacio disponible y todos los movimientos que realiza durante el día.

Porque quizá hoy la pregunta sea cómo pasar de la cama a la silla, pero mañana descubramos que el verdadero problema está en llegar al baño.

Mover a una persona no debería significar cargar con ella

Esta es probablemente la idea más importante.

Cuando una persona pierde movilidad, la solución no puede consistir simplemente en que otra persona haga cada vez más fuerza.

Hay ayudas técnicas diseñadas precisamente para que las transferencias sean más controladas, cómodas y seguras, manteniendo además toda la participación posible por parte del usuario.

En Aidmoving podemos estudiar las necesidades de la persona y las características de su vivienda para valorar qué solución de transferencia encaja mejor: desde sistemas de incorporación y arneses hasta SureHands, grúas móviles o instalaciones de grúa de techo.

El objetivo no es aprender a levantar mejor a una persona.

El objetivo es que llegue un momento en que ya no sea necesario levantarla a pulso.

 

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