Hay un momento que muchas familias reconocen enseguida. Una persona que hasta hace poco podía levantarse de la cama apoyándose en alguien, incorporarse del sillón o llegar hasta el baño empieza a necesitar cada vez más ayuda.
Al principio se compensa: se le ofrece un brazo, se tira un poco más fuerte, ayudan dos personas en lugar de una. Pero llega un día en que levantarle supone prácticamente cargar con su peso.
Y entonces aparece la pregunta: ¿qué podemos poner en casa para ayudarle?
No existe una única ayuda técnica adecuada para todos los casos. Una persona que conserva fuerza en las piernas pero tiene problemas para incorporarse necesita una solución muy diferente de otra que ya no puede sostenerse de pie. Por eso, antes de comprar una grúa, una silla o cualquier otro producto, lo primero es entender qué movimientos puede hacer todavía la persona por sí misma y en cuáles necesita ayuda.
Antes de elegir una ayuda, hay que saber qué ha cambiado
Que una persona ya no pueda levantarse sola no significa necesariamente que haya perdido toda su movilidad.
Puede tener dificultades para pasar de tumbado a sentado, pero mantenerse en pie una vez incorporada. Puede ponerse de pie con apoyo, pero no dar pasos. O puede necesitar asistencia completa para pasar de la cama a la silla.
Esta diferencia es fundamental.
Siempre que haya un cambio reciente o inexplicado en la capacidad para levantarse o moverse, conviene que sea valorado por un profesional sanitario. Una vez conocidas sus capacidades, un fisioterapeuta o terapeuta ocupacional puede ayudar a determinar qué tipo de transferencia resulta adecuada y qué ayudas pueden facilitarla.
A partir de ahí es cuando tiene sentido hablar de tecnología.
Si puede colaborar y mantenerse de pie, quizá no necesite una grúa completa
Una de las ideas equivocadas más frecuentes es pensar que, en cuanto alguien empieza a tener problemas de movilidad, necesita una grúa.
No siempre es así.
Si la persona conserva fuerza suficiente en las piernas, comprende las indicaciones y puede mantenerse parcialmente de pie, existen ayudas que aprovechan esa movilidad residual.
Un sistema de incorporación o transferencia asistida puede facilitar el paso de sentado a de pie sin sustituir completamente el movimiento de la persona. En determinados casos, además de hacer más segura la transferencia, permite seguir aprovechando capacidades que todavía conserva.
El objetivo no debería ser hacer por la persona aquello que todavía puede hacer, sino proporcionarle exactamente el apoyo que necesita.
Cuando ya no puede sostener su peso, la situación cambia
Si la persona no puede mantenerse de pie de forma segura, pierde el equilibrio o el cuidador tiene que soportar buena parte de su peso, levantarla manualmente deja de ser una buena solución.
Y esto es importante porque muchas familias intentan compensarlo aprendiendo una supuesta «técnica correcta para levantar».
Una buena técnica corporal ayuda, pero tiene límites. Una revisión de 56 estudios biomecánicos concluyó que las grúas de suelo y de techo se encuentran entre las ayudas más eficaces para reducir la carga física durante las transferencias, y que la formación en mecánica corporal por sí sola no elimina esa carga.
En este punto es cuando una grúa de transferencia empieza a tener realmente sentido.
Grúa móvil o grúa de techo: no resuelven el problema de la misma manera
Una grúa móvil puede ser una buena alternativa cuando se necesita asistencia completa para elevar a la persona y se dispone de espacio suficiente para maniobrar alrededor de la cama, la silla y el baño.
La grúa de techo plantea la transferencia de otra forma.
El motor se desplaza por un carril instalado en el techo, de manera que no hay una estructura con ruedas que empujar por la habitación. Esto resulta especialmente interesante cuando las transferencias se realizan varias veces al día o cuando el espacio disponible es reducido.
Puede plantearse un recorrido sencillo entre cama y silla o diseñar una instalación que comunique dormitorio y baño.
No significa que una grúa de techo sea automáticamente mejor para todo el mundo. Significa que, cuando la dependencia es importante y las transferencias son frecuentes, merece la pena estudiarla antes de asumir que una grúa móvil es la única posibilidad.
De hecho, los estudios biomecánicos disponibles sitúan las grúas de techo entre los sistemas que generan menor exposición física durante las transferencias de pacientes.
SureHands: una forma diferente de realizar las transferencias
Dentro de los sistemas de elevación y transferencia existe una solución especialmente interesante para usuarios que buscan mayor rapidez, comodidad y participación durante las transferencias: SureHands.
Su principal diferencia respecto a una grúa utilizada con un arnés convencional está en la forma de sujetar a la persona. El sistema utiliza un soporte corporal diseñado para realizar la elevación sin tener que colocar previamente un arnés tradicional en cada transferencia.
Esto puede simplificar mucho determinados movimientos cotidianos, especialmente cuando hay que realizar varias transferencias a lo largo del día: pasar de la cama a la silla, acceder al baño o realizar otras movilizaciones dentro de casa.
Además, dependiendo de las capacidades de la persona y de la configuración elegida, SureHands puede favorecer una transferencia más ágil y con una participación activa del propio usuario.
Precisamente por eso es una solución que merece la pena conocer cuando se está valorando instalar una grúa de techo.
No obstante, igual que ocurre con cualquier sistema de transferencia, la elección debe hacerse según las características de cada persona. El control de tronco y cabeza, la movilidad que conserva y el tipo de transferencias que necesita realizar determinarán qué configuración resulta más adecuada.
En Aidmoving podemos valorar tanto los sistemas SureHands como las soluciones mediante arnés para determinar cuál encaja mejor con el usuario y con su vivienda.
El arnés no es un accesorio secundario
Cuando se utiliza una grúa, buena parte de la comodidad y seguridad de la transferencia depende del arnés.
Hay arneses con diferentes niveles de soporte, diseños para higiene, modelos que proporcionan mayor sujeción de cabeza y tronco y soluciones destinadas a necesidades específicas.
Un arnés demasiado grande, demasiado pequeño o inadecuado para el nivel de movilidad de la persona puede convertir una buena grúa en una mala experiencia.
Por eso, al valorar un sistema de transferencia, grúa y arnés deberían estudiarse conjuntamente.
La cama también puede estar haciendo las cosas más difíciles
No todo se resuelve con una grúa.
Una cama articulada permite modificar la posición del respaldo y, dependiendo del modelo, ajustar otras partes de la superficie de descanso. Si además dispone de regulación en altura, puede facilitar determinadas tareas del cuidador y mejorar la preparación de algunas transferencias.
La altura importa más de lo que parece. Trabajar continuamente inclinado sobre una cama demasiado baja aumenta la exigencia física del cuidado. Los estudios sobre movilización también han encontrado una menor exposición física con determinadas camas ajustables y ayudas técnicas frente a la manipulación manual sin asistencia.
La cama, por tanto, no debería elegirse únicamente pensando en dormir. Forma parte del conjunto de movilidad de la persona.
Y después está la silla
Una silla de ruedas adecuada no es simplemente «una silla que tenga ruedas».
Hay que valorar postura, dimensiones, soporte, capacidad de autopropulsión, reposapiés, reposabrazos y facilidad para realizar las transferencias.
Algo aparentemente pequeño, como poder retirar un reposabrazos, puede cambiar considerablemente una transferencia lateral. Y una silla mal dimensionada puede dificultar tanto la postura diaria como las maniobras del cuidador.
Por eso tiene poco sentido comprar cada ayuda por separado sin pensar cómo interactuarán entre ellas.
¿Qué necesitaría mi padre entonces?
Esta es probablemente la pregunta más importante de todo el artículo.
Y la respuesta puede ser perfectamente: no lo sabemos hasta valorar cómo se mueve.
No necesita necesariamente cinco ayudas técnicas. Quizá una cama adecuada y una pequeña ayuda de incorporación sean suficientes. O quizá la pérdida de movilidad haga recomendable plantear silla, arnés y sistema de elevación como una solución conjunta.
Una buena adaptación no es la que incorpora más tecnología. Es la que permite realizar las actividades cotidianas con el menor riesgo y conservando tanta autonomía como sea posible.
En Aidmoving trabajamos precisamente desde esa perspectiva: estudiar cómo se mueve la persona, cómo es su vivienda y qué transferencias necesita realizar antes de proponer una solución.
Porque cuando alguien ya no puede levantarse solo, la pregunta no debería ser únicamente «¿qué grúa compro?», sino «¿cómo podemos conseguir que vuelva a moverse por casa de una forma segura?»









