Los sistemas de transferencia están recomendados para personas con movilidad reducida o dependencia parcial o total, personas mayores, pacientes en proceso de rehabilitación y usuarios con patologías neurológicas, musculares o lesiones que dificulten el movimiento.

Son soluciones adecuadas tanto para el entorno domiciliario como para hospitales, residencias y centros especializados, ya que mejoran la seguridad del usuario y reducen el esfuerzo físico de familiares y profesionales.